El origen de los Juegos Olímpicos
De la antigua Olimpia (776 a.C.) a los Juegos modernos de 1896: la historia de la mayor cita deportiva del mundo, con tregua incluida.
Cada cuatro años, el mundo se detiene para ver a los mejores atletas competir bajo cinco anillos entrelazados. Pero esa tradición no nació en el siglo XX: hunde sus raíces en la antigua Grecia, hace casi 2.800 años, y estuvo a punto de desaparecer para siempre.
Nacieron en Olimpia, en honor a Zeus
Los primeros Juegos Olímpicos se celebraron en el año 776 a. C. en la ciudad de Olimpia, en el Peloponeso griego. Como recogen National Geographic y otras fuentes históricas, no eran solo un evento deportivo: eran una celebración religiosa en honor a Zeus, el dios supremo. Se realizaban cada cuatro años, un periodo que los griegos llamaban “olimpiada” y que incluso usaban para medir el tiempo.
Su origen se mezcla con la leyenda. Según el geógrafo Pausanias, citado por Wikipedia, habría sido Heracles Ideo quien propuso a sus hermanos una carrera cuyo ganador se coronaría con una rama de olivo, y quien fijó que se repitiera cada cuatro años.
La tregua olímpica: cuando las guerras se pausaban
Uno de los rasgos más admirables de aquellos juegos era la tregua olímpica. Durante la competición, los conflictos entre las ciudades-estado griegas se suspendían para que atletas y espectadores pudieran viajar y competir en paz. El deporte lograba, aunque fuera temporalmente, lo que la diplomacia no siempre conseguía: detener las hostilidades.
Disciplinas y premios
Las pruebas fueron creciendo con los siglos. Entre las más antiguas y populares estaban:
- Carreras a pie en el estadio (la más prestigiosa).
- Lucha y pugilato.
- Lanzamiento de disco y de jabalina.
- Carreras de carros tiradas por caballos.
El premio no era dinero ni medallas, sino una corona de olivo silvestre y, sobre todo, la gloria y el honor para el atleta y su ciudad natal.
El fin… y el renacimiento
Los Juegos antiguos duraron casi doce siglos, pero en el año 393 d. C. el emperador romano Teodosio I los prohibió por considerarlos un rito pagano, incompatible con el cristianismo. Y así, durante más de mil quinientos años, no hubo Olimpiadas.
El renacimiento llegó de la mano de un francés, el barón Pierre de Coubertin, quien en 1894, en la Universidad de la Sorbona de París, impulsó la creación del Comité Olímpico Internacional bajo el lema citius, altius, fortius (“más rápido, más alto, más fuerte”), como narra Señal Colombia. Dos años después, en 1896, Atenas acogió los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna.
Casi tres milenios de una misma idea
De las coronas de olivo de Olimpia a las medallas de oro de hoy, los Juegos Olímpicos han cambiado de forma pero no de esencia: reunir al mundo en torno al deporte, la superación y —al menos en teoría— la paz. Que una tradición nacida en el 776 a. C. siga viva y emocionando a miles de millones de personas dice mucho de la fuerza de esa idea.